Leopoldo Torres Balbás:
"A través de la Alhambra"

Javier Gallego Roca

“ A través de la Alhambra ” (1924) es el primer artículo de Leopoldo Torres Balbás sobre la ciudadela granadina, ya nombrado arquitecto-conservador de la Alhambra en abril de 1923, tras el cese del arquitecto Modesto Cendoya. Constituye un lúcido trabajo sobre el tiempo en los monumentos, como conjuntos vivos que son: “El monumento nazarí ha ido viviendo y transformándose al correr del tiempo; cada año, cada hora fue dejando en él su huella. Hasta las mismas entrañas del edificio fueron removidas cien veces...”

En dicho artículo analiza uno de sus proyectos más célebres en la cultura de la restauración arquitectónica en su tiempo. Se trata del primer proyecto que redacta como conservador de la Alhambra Leopoldo Torres Balbás, cuya actuación principal será en la torre y el pórtico de las Damas entre julio y septiembre de 1923 , casi recién nombrado conservador del monumento. El pórtico se encontraba cegado y dividido por dos plantas, a causa de su conversión a vivienda en el siglo XIX. En 1906 el arquitecto Marino Contreras arreglaría diversas partes de armadura y cubierta en la zona occidental . Modesto Cendoya, posteriormente, consolidó los muros de la torre, eliminó todos los pegadizos existentes, limpió y descubrió las labores antiguas, así como reparó las ventanas que dan al bosque. El estado de la torre de las Damas a comienzos del siglo XX, lo conocemos gracias a un espléndido dibujo del arquitecto Velásquez Bosco, que pone en evidencia el tratamiento decorativo de su fachada, dejando también otro interesante dibujo sobre las yeserías.

Afortunadamente se han conservado la memoria del proyecto y los dibujos relativos a la intervención posterior de restauración realizada por Leopoldo Torres Balbás. El proyecto de La Torre de las Damas es por sí mismo un documento arquitectónico excepcional que nos permite conocer el planteamiento metodológico y teórico seguido en su realización. El pórtico (27,74m.x3,90m.) está constituido por cinco arcos, siendo el central más ancho y alto (2,40mx6,21m.). La restauración se plantea como una “reintegración de la imagen” , a través de los elementos arquitectónicos, como es el caso de los rombos que cierran los arcos.

En “ A través de la Alhambra”, afronta diversos problemas teóricos del monumento; la parte primera analiza precisamente la cuestión de la restauración en la arquitectura . Se trata de un discurso sobre el tiempo que a fin de cuentas es la síntesis de la teoría de la restauración arquitectónica según el autor.

Torres Balbás hace un ameno recorrido por los caminos de la restauración para concluir después con una premisa boitiana “conservar, no restaurar”. Y lo explica de una manera expresiva y articulada, dando una imagen sugerente del monumento restaurado. Todo se reduce a mantener el monumento en pie, asegurándole una larga vida con los recalces que la ciencia y la práctica sugieren. Toda otra intervención no puede más que traducirse en un “falso monumento”. En esta dirección, como Boito, se mueven el ingenio, el talento, la sabiduría de restaurar. Basta resumirlo en dos puntos fundamentales. Es necesario hacer lo imposible, es necesario hacer milagros para conservar en el monumento su viejo aspecto artístico o pintoresco, es necesario que los completamientos, si son necesarios, los añadidos, sino se pueden eludir, muestren no ser obras antiguas, sino ser obras de hoy.

El artículo termina de forma poética defendiendo el monumento de las restauraciones que desfiguran la arquitectura. Todos los artículos que escribe después de “ A través de la Alhambra ”, “ La Alhambra de hace un siglo ” (1926), “ La Alhambra y su conservación ” (1927), “ Los monumentos de Granada en 1928 ” (1928), los artículos que son consecuencias de la Conferencia de Atenas y el último, “ En torno a la Alhambra ” (1960 y 1961), volverán a cuestiones ya planteadas en “ A través de la Alhambra ”.

La idea de Torres Balbás por salvaguardar la autenticidad de un monumento, el distinguir fácilmente por la forma, los añadidos y las sustituciones, progresivamente enfatizadas, componen la deontología de la restauración.

El uso del dato histórico es fundamental: la historia es la clave de la lectura, de interpretación y adición, y en esta fase es en la que se sustenta el proyecto de restauración. En este sentido creo que sea legítimo afirmar la continuidad entre Boito y las posiciones predominantes en la restauración. Giovannoni admitirá la necesidad de “repristino”, de la utilización , de la renovación , dentro de unos severos límites (todo es cuestión de límites), según dice: “se deben admitir las transaciones entre la historia y el arte, entre lo viejo y lo nuevo, se debe abandonar el rígido criterio de no tocar nada en los monumentos, criterio que va contra las exigencias de la realidad” . Torres Balbás conectará con esta nueva visión y se vale de un instrumento, eclecticismo y elasticidad, que le permite en cualquier momento una dualidad y por tanto encontrar un método flexible en la intervención de restauración.

Cuando la instancia estética e histórica están en contraste, en realidad entra en crisis la posición teórica y la segunda sucumbe a la primera. Es el caso de Torres Balbás que sustituye muchos elementos que su gusto juzga míseros. El análisis histórico permite demostrar que no se trata de ver la restauración como documento artístico, ligado exclusivamente a la autenticidad material, porque ello no refleja el sentimiento del tiempo, la voluntad del artista, sino que es fruto de coyunturales condiciones prácticas y económicas.

Torres Balbás como harían anteriormente Boito y Giovannoni en Italia, propone muy explícitamente una teoría que aparece en numerosos de sus escritos, sintetizable en la frase: “es mejor conservar que restaurar”, pero también es una teoría que emerge en continua contradicción en su operatividad práctica, sobre todo en la “reintegración de la imagen” de la Torre de las Damas donde mucha materia ha sido sustituida, cuando no extraída, en aras de la restauración que hacía inviable la mera conservación.

JAVIER GALLEGO ROCA
Catedrático de Restauración Arquitectónica
Universidad de Granada